Remontar el río Sangha, en las selvas ecuatoriales del Congo, supone retomar las palabras de Conrad: volver al universo antiguo de los grandes árboles dueños del paisaje, ….al mundo de los ríos africanos surcados por las piraguas talladas en madera de los pescadores ribereños. Grandes masas de árboles bordean el Sangha, y es fácil escuchar durante las horas de navegación el grito de los turacos , de plumas azules y con el brillo del metal, o el aleteo estridente de los calaos de grandes picos, si vuelan por encima de uno.
Pájaros y monos están presentes en el recorrido, y también playas de arena blanca cuando el río no baja crecido. De ese modo, el trayecto de unos 150 kilómetros aproximadamente entre Ouesso y Bomassa, punto de entrada al Parque Nacional de Nouabalé-Ndoki, tiene algo de viaje iniciático, de descubrimiento de un mundo aparte virgen y oculto.
Creado en 1993, el Parque Nacional de Nouabalé-Ndoki está situado en el norte de la República del Congo y cubre una superficie aproximada de 4.200 kilómetros cuadrados. Unido al Parque Nacional Lobeke, en Camerún, y al Parque de Dzangha-Ndoki, en la República Centroafricana, Nouabalé-Ndoki es parte de un complejo tri-nacional de áreas protegidas de bosque ecuatorial.
La palabra “Ndoki” significa “hechicero” en la lengua local lingala, y no cuesta demasiado aceptar que el río Ndoki, que cruza uno de los últimos santuarios de vida natural del planeta, destila magia por todas sus arterias.
Pero si en algún lugar se concentra esa magia es en Mbeli bai, un calvero en la selva (“bai” significa salina o claro de bosque) donde es posible observar familias de gorilas o grandes machos solitarios que surgen de la espesura para comer, proveerse de sal y solazarse bajo las nubes o el sol tropical; compartiendo ese espacio despejado con elefantes de bosque, sitatungas, bongos, búfalos rojos u otras especies selváticas. …………………Continuamos nuestra aventura.

