Estamos en las colinas de Naabi Hill, puerta de entrada y salida del Serengeti cercana al cráter del Ngorongoro, en el sudeste del Parque Nacional más antiguo de Tanzania (1951).

Desde esa atalaya privilegiada, podemos observar el inmenso paisaje que se extiende, inabarcable, a nuestros pies. Las llanuras de Ndutu comparten la planicie con el norte de la vecina área de conservación del Ngorongoro: El gran cráter de un volcán extinto hace millones de años reconvertido en un Arca de Noé donde bulle la vida salvaje.

Ahora, a mediados de Marzo, el inmenso lienzo verde de las praderas de Ndutu y esa zona del Serengeti está salpicado de muchos miles de puntos negros. Son manadas de ñus comunes o de barba blanca ….y sus crías. Desde la altura se ve la llanura profusamente moteada, con grupos más numerosos rodeados de animales solitarios, pudiendo llegar a compartir el espacio más de mil animales por kilómetro cuadrado.

Los grupos de ñus llegaron en Diciembre desde el norte del Serengeti buscando pastos verdes y aportes minerales, comunes en esta zona; nutrientes necesarios que alimentarán a las crías al amamantarlas.

Y eso acaba de ocurrir, hace apenas dos o tres semanas ha tenido lugar uno de los acontecimientos más emocionantes de la Vida Salvaje: el nacimiento de cerca de medio millón de estos ungulados en apenas dos semanas. Una eclosión unísona de vida coordinada por un reloj biológico sabio, que permitirá proteger a la especie frente a sus depredadores.

A los diez minutos de nacer, los becerros ya se ponen de pie, y casi inmediatamente son capaces de trotar junto a sus madres. Esa profusión de animales y el rápido desarrollo de su aptitud para la huída desborda la capacidad de caza de sus depredadores naturales: leones, guepardos, hienas y leopardos.

En este momento, mientras disfrutamos el espectáculo desde la colina de Naabi Hill y aunque desde allí no lo oigamos, la sabana es un único mugido intermitente, un grito sordo gutural de cientos de miles de mugidos roncos. Junto a los ñus, las cebras también se van uniendo en manadas.

Poco a poco se han ido reuniendo todos en grandes y pequeños grupos.

Desde los kopjes de Ndutu, los leones observan ese inicio de la migración anual. Los kopjes son formaciones rocosas que emergen en la sabana, como centinelas de piedra o torres de observación. Estos jardines de piedra, como los llamó el escritor Peter Matthiessen – las rocas más antiguas de la tierra (de unos 2000 ó 3000 millones de años) – emergen en la hierba verde de marzo, separados entre sí pero unidos por la misma espina dorsal geológica.

Y por fin, hacia finales de marzo, los ñus junto a sus crías, acompañados de grupos de miles de cebras y distintas especias de gacelas y antílopes, empiezan a desplazarse hacia el oeste. Pasan al lado de los roquedales desde donde les observan los leones y miran hacia el horizonte, buscando el agua en un nuevo capítulo de su ciclo vital.