Iniciamos nuestro viaje a los grandes bosques africanos; regresamos a los espacios vírgenes que descubrieron y transitaron los primeros exploradores en África, aquellos que nos regalaron sus historias cuando la aventura era una meta.
Vamos a remontar ríos festoneados de árboles y plantas gigantes: un inmenso vergel lleno de vida columpiándose en las ramas de esos colosos.
Nuestro viaje parte de Brazzaville, capital de la República del Congo. A su lado podemos ver la columna vertebral de ese gigantesco mundo vegetal que es el centro de Africa: el río Congo, el “río que absorbe todos los ríos”, una gran serpiente que atraviesa el continente a lo largo de 4.380 kms, casi partiéndolo en dos.
Nuestro plan es volar hacia el norte para descubrir dos de las zonas menos perturbadas de bosque ecuatorial: El Parque Nacional de Noubalé-Ndoki y el Area Protegida de Dzanga Sangha, esta última ya en el vecino país de República Centroafricana.

Su visita supone un auténtico privilegio: no sólo por la posibilidad de avistar la fauna y flora original de estas tierras vírgenes, sino también porque el viaje, en sí mismo, resume una forma de percibir África desde su corazón más profundo.
Después de sobrevolar las planicies Bateke, no demasiado lejos de Brazzaville, el paisaje comienza a cambiar, y los bosques dispersos que salpicaban esas llanuras empiezan a crecer de forma continuada hasta convertirse en un abigarrado dosel verde que no muestra otras cicatrices que la de los ríos Likouala , Lengoue o Kandeko, que se retuercen a nuestros pies brillando al sol. Comenzamos entonces a admirar el reino de los árboles gigantes de que hablaba el escritor Joseph Conrad en su libro «El corazón de las tinieblas».
Antes de nuestro aterrizaje en la pequeña población de Ouesso, ya llevamos mucho tiempo inmersos en el bosque ecuatorial, y su visión desde el cielo confirma la majestad de ese inabarcable territorio. Ahora sólo queda descubrirlo desde abajo, remontando el curso del río Sangha…..
